Actuar. Sí, actuar. Hacer algo sin pensar en sus consecuencias. En ese instante no podía pensar. Estaba relajada. El corazón me latía a menos dos. Y para colmo, estaba con esa persona que me hace feliz día a día. ¿Qué más se puede pedir?. No pensar. No saber cómo actuar, ni qué hacer. Pasaban los segundos. Los minutos. La hora. Y para cuando me fui a dar cuenta, ya era tarde. Reaccioné. Ahora el corazón latía a mil. No tuve otra opción. Mentiras piadosas que se adueñan de nuestras vidas. Instantes en los que no sabes cómo reaccionar. Que infeliz se es en ese momento. No poder alejarte de la persona con la que estas. Pero, no todo es para siempre. Eso es lo que nos hace disfrutar de cada instante, cómo si fuese el primero. En estos momentos, nuestras vidas las formamos nosotros mismos desde nuestros corazones. Nosotros ponemos nuestras normas. Rompemos las reglas. ¿Y qué?. Busco mi felicidad. No quiero contentar a otros con mis acciones. Me valgo por mi misma. Y así, pasaré por la vida, sabiendo que he actuado conforme a lo que deseaba en cada instante.
EN EL ARTE DE VIVIR, EL SER HUMANO ES AL MISMO TIEMPO EL ARTISTA
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